El poeta José "Pepe" Barroeta
Poeta José "Pepe" Barroeta

Poeta José "Pepe" Barroeta
EL POETA JOSE "PEPE" BARROETA. "HIJO ILUSTRE DE PAMPANITO". Nació en Pampanito (Estado Trujillo) el 24 de septiembre de 1942. Hijo de los reconocidos maestros Don Néstor Barroeta y Doña Emilia Paolini de Barroeta. Sus hermanos Antonio José, Concilio María, Mercedes Josefina, y Gustavo Ramón. En un viejo libro del registro civil del pueblo se puede leer que su nombre es José María Barroeta Paolini, pero lo conoceríamos como el poeta José “Pepe” Barroeta, y cariñosamente sus amigos lo llamarían “Pepe Templao”.
Sus estudios de primaria y bachillerato los realizó en Pampanito y Trujillo. Se graduó de abogado en la Universidad de Carabobo; y doctor en Literatura Hispanoamericana (Paris, Francia 1981). En la Universidad de Carabobo se desempeñó como Director de publicaciones, y fue uno de los fundadores de la prestigiosa revista “Poesía”. Así mismo, cuando estuvo residenciado en Caracas, fue uno de los poetas bohemios más entusiastas del grupo la “República del Este”. También participó en las actividades literarias de los grupos “Tabla Redonda” y “Techo de la Ballena”, junto a poetas como Luis Alberto Crespo, Caupolican Ovalles, Víctor (Chino) Valera Mora, y Ramón Palomares.
Fue profesor de literatura de la Universidad de los Andes (ULA), y decano de la Facultad de Letras. Con una selecta y exquisita producción literaria, que se encuentra en los libros: “Todos han muerto” (1971), “Cartas a la extraña” (1972), “Arte de anochecer” (1975), “Culpas de juglar” (1996). También recordamos un libro de rápida lectura “La Hoguera de Otra Edad” que trata acerca de las actividades realizadas por los grupos “Techo de la Ballena” y “Tabla Redonda”. (Lectura que hicimos por la generosidad de Alexis Rosario, hijo de nuestro amigo Pedro “Pepe” Rosario, quien nos prestó el texto).
La lectura del libro sirvió para que este cronista escribiera un artículo titulado “José Pepe Barroeta, y La hoguera de otra edad”, que fue publicado en un periódico de la localidad. Esas notas de prensa las leyó el poeta. Eso motivó que una noche alguien me buscara en mi casa, y era una figura delgada, con un aura de ser alguien importante, y me dijo “Yo soy Pepe Barroeta”. Y de allí nos fuimos para la Plaza Bolívar de Pampanito, nos sentamos en una banca, y echó largos cuentos de los grupos donde desarrolló sus potenciales literarios. Esa oportunidad sirvió para establecer una amistad con el poeta José “Pepe” Barroeta.
De los últimos años, estuvo casi diez, sin escribir, y se dedicó a concebir su obra “Elegías y dolores” (2006), que se convirtió en un libro póstumo. Allí encontramos un bello poema donde vuelca la mirada a Pampanito, a sus recuerdos, a las imágenes de sus amados padres, en busca de ese aliento vital y la “ternura calientica de sus seres amados” que se entretejen en los recuerdos de los días pasados. Dice así el poema: “DIME TÚ, PAMPANITO. Dónde estarán mi padre y mi madre/ con sus rostros./ Dime Tú, Pampanito/ que estás en la tierra/ y en el cielo/ qué piedras,/ qué sueño del camino/ recojo./ Dime y dame/ la ternura caliente de los/ muertos. (Elegías y Olvidos, 2006).
La noticia de su muerte se difundió por el mundo entero: “Murió el poeta de Pampanito José Pepe Barroeta. El lunes 5 de junio de 2006, murió en la ciudad de Mérida el poeta venezolano José Barroeta, a sus 64 años, tras una dilatada agonía…”. Pero también leímos en otros titulares de la prensa nacional: “Ha muerto el poeta más original de las letras hispanoamericanas”. En una buena parte del mundo, en algunos países de Europa, se han rendido homenajes con actos y recitales a este laureado poeta pampanitense.
Hace pocos años, exactamente en el año 1996, este cronista aprovechó la oportunidad, como miembro del grupo literario “Canto sin fin” (de Trujillo), que posteriormente se conocería como “Aleteia” (y que publicamos varios números de una revista literarias con el mismo nombre), de llevarles una propuesta muy justa y meritoria, para que este grupo, integrado por los poetas José de Jesús Suárez, María Elena Delgado, José Gregorio Valera, Pedro Pérez Aldana y Egisto Vargas, me acompañaran para proponer ante la Cámara municipal de Pampanito, al poeta José “Pepe” Barroeta como “HIJO ILUSTRE DE PAMPANITO”. Todos manifestaron estar de acuerdo, y el poeta José de Jesús Suárez, me manifestó que incorporara al Ateneo de Pampanito, para que participaran en los actos. La gente del ateneo también aceptó, y pudimos enmarcarlos dentro de la programación del V Aniversario del Ateneo de Pampanito. Llevé a la cámara la propuesta, en una pequeña y sencilla carta donde expuse algunos de los méritos del poeta, en los siguientes términos: “Pampanito, 4 de octubre de 1996. CIUDADANOS: PRESIDENTE Y DEMAS MIEMBROS DE LA CAMARA MUNICIPAL DE PAMPANITO. SU DESPACHO.- Aprovecho esta oportunidad como Cronista del Municipio Pampanito para felicitarlos por estar realizando una destacada gestión organizativa y de progreso para el beneficio de nuestro pueblo; igualmente, sirva este importante momento para recordarles que muy pronto se estará celebrando el Aniversario del Ateneo de Pampanito, razón por la cual, invito a esta ilustre Cámara a unirse en la alegría que entraña este acontecimiento, y a tal fin, muy humilde y respetuosamente les pido en justo reconocimiento que en el marco de dichas actividades conmemorativas se declare al escritor y poeta JOSE BARROETA PAOLINI, como “HIJO ILUSTRE DE PAMPANITO”, enalteciendo así los valores de nuestro pueblo, y a la vez, honrándose dicha Cámara por tan significativo gesto. Es de hacer notar que el poeta José Barroeta Paolini, nació en Pampanito el día 24 de Septiembre de 1942, y es hijo del muy distinguido y mentado Maestro Don Néstor Barroeta, y de doña Emilia Paolini de Barroeta. Este escritor ha participado en varios grupos literarios que irrumpen en el país y han dejado profundas huellas en la literatura venezolana, esos grupos son: “Tabla Redonda”, HAA, y en “La Pandilla de Lautréamont”. Entre sus obras podemos mencionar: “Todos han Muerto”, “Arte de Anochecer”, “Cartas a la Extraña”, “La Imagen del Padre en la Poesía Contemporánea Venezolana”, “Recuerdo, derrota y testimonio. Acercamiento a la poesía de Luis Camilo Guevara, Rafael Cadenas y Víctor Valera”, y “Fuerza del Día”. Por su labor intelectual ha recibido diversos premios y distinciones: Premio Nacional de la Juventud, U.C.V., en 1965; Premio “Pro-Venezuela” de poesía en 1974. Mención en la Bienal “José Rafael Pocaterra”, en 1976. Y Premio Bienal de Poesía “Miguel Otero Silva” del Ateneo de Barcelona (en 1982) por el libro “Fuerza del Día”. Además de poeta y escritor, es abogado, y Doctor en Literatura Hispanoamericana (París, 1981). Entre otros cargos, se ha desempeñado como Jefe del Departamento de Literatura de la Universidad de Los Andes (U.L.A., 1985). Por las condiciones antes expresadas, y en justo reconocimiento a tan ilustre personaje, pedimos el pronunciamiento en esta Sesión Ordinaria de hoy lunes 07 de octubre de 1996, para que se haga dicha declaratoria, con la finalidad de elaborar el respectivo acuerdo, y entregárselo en un RECITAL DE POESIA previsto para celebrar el día viernes 18 de octubre de 1996, en el Ateneo de Pampanito. Agradeciéndole altamente su generosidad. Atentamente, Gregorio Riveros. Cronista Oficial del Municipio Pampanito”.
El día 7 de octubre de 1996, se realizó la sesión ordinaria N. 38, del Concejo Municipal de Pampanito, con la asistencia del presidente Edgar Quevedo (Alcalde), Freddy Ávila (Vice-presidente), y los concejales Edgar Santos, Asley Peña, Juan Santos, Eduardo Urbina, Jesús Cadenas y Jorge Colmenares, y en la oportunidad de tratar el punto referido al poeta José Pepe Barroeta, quedó asentado en el acta lo siguiente: “… se leyó la comunicación dirigida por el Cronista del Municipio y otros integrantes del grupo literario “canto sin Fin” donde solicitaban se declarara Hijo Ilustre al escritor José “Pepe” Barroeta Paolini, para así reconocer los méritos de éste Baluarte Pampanitense nacido en este Municipio, sobre éste particular el Presidente sometió a la aprobación la solicitud de declarar “Hijo Ilustre” al poeta “Pepe” Barroeta Paolini, los Concejales la aprobaron por unanimidad…”.
Finalmente, establecimos comunicación con el poeta José Pepe Barroeta, quien nos manifestó que no podía trasladarse hasta Pampanito, ya que viajaría a Francia por esos días. Aún así, hicimos el recital de poesía en homenaje a José Pepe Barroeta, el día 18 de octubre de 1996, y estuvieron presentes los poetas María Elena Delgado, José Gregorio Valera, Iris Caltieri y Egisto Vargas. Al pasar los meses, regresó al país, y estuvo en Pampanito, recibiendo la distinción mediante una placa que otorgó el Concejo Municipal y entregó en su oportunidad el presidente del ateneo. Ese día, en horas de la noche, pudimos conversar con el poeta en un recital que se realizó en la Biblioteca Mario Briceño Iragorry de Trujillo. Allí también escuchamos de su voz, los versos del mismo poeta José Pepe Barroeta. Y nos satisface mucho que este destacado pampanitense haya recibido de su propio pueblo la merecida distinción de “Hijo Ilustre de Pampanito”. Por: GREGORIO RIVEROS
UN LOCO
A Oswaldo Barreto y José García Quintero
Cuando el loco Pernía se vino caminando
desde Cabimas hasta el Pueblo
-trescientos Son los Kilómetros que separan
un punto de otro-,
halló las aguas del Motatán crecidas.
Miró un inmenso árbol que arrancado de cuajo
por la tempestad del día
daba sus hojas muertas al paisaje del mundo,
y dijo:
"este árbol es el espíritu vegetal
de la mujer que no he tenido nunca",
y con el goce de quien encuentra no formas
sino sentidos en la cruz,
se lo hecho a cuestas y solito lo llevó hasta
el pueblo. Y luego de sembrarlo en la casa
de una de sus hermanas que no amaba por loco,
se marchó volando con él, entre las hojas.
OFELIA
Ha muerto la reina.
De una colina mística
el agua baja y rodea la noche.
La reina del agua y del corazón
yace extraviada en el follaje negro,
húmeda del rocío muerto.
Son cielos las hojas tendidas
en el agua
y ella, la reina,
flota muerta con su trono muerto.
La armonía de aquel verde en los ojos
fallece hoy ardoroso,
vuelve a su origen, su primera sombra.
EN LA MAÑANA
A Miyó Vestrini
Hay sol.
La leche de mi padre baja del cadáver
al aire.
Una leche onírica,
en estado de coma
derriba el brillo del verano en su inicio,
dobla blancas las rosas donde se posa
el pájaro.
Hay sol.
Mis hermanos como polluelos
comienzan a abrir espacios en la
tierra tímida.
Hay sol.
Yo voy en el carro de los muertos
con flores de noviembre
y leche de mi padre en la cara.
NOVIEMBRE
A Mario Abreu
Vamos a buscar a mi padre,
noviembre.
Tengo el cuerpo lleno de manzanas
y puedo salir con tu nombre de mes
a las colina,
esperar que salgan los astros
y nos lleven a él,
a su cabeza negra perdida en el fango.
Vamos por las casas,
donde tu claridad noviembre
asusta a las mujeres
a buscar a mi padre en el fondo de la sopa
que hierve.
Entremos al cadáver por los huecos de oro
que abren los conejos
y miremos como te posas tú en ellos noviembre
próximo a los ojos de la convulsión animal.
No dejes casa sin rastrear
ni río ni piedra ni arboleda
métete por toda hondonada
por toda piel noviembre
y llévame a los sitios calurosos del muerto.
Deja tu laboriosa claridad de abeja como símbolo
de que en cualquier lugar está mi padre muerto
nutrido de ese amor que pongo a la noche cuando
lo busco.
Déjame fijo y sin herida,
claro
como la mujer que vive en mi cuerpo,
mientras yo preparo el retorno al cielo del cadáver
que busco
y que se agita misterioso en Dios como el primer movimiento
que se hizo sobre el mundo,
veloz y fértil como el padre muerto
que busco noviembre contigo.
PADRE NUESTRO
Recostado de un vientre de oro,
asustado,
canto a tu muerte.
Soy feliz y sé hasta dónde llega mi palabra,
hasta dónde llegan tu espíritu y tu carne.
Padre.
He ido de lugar en lugar fiel a tu luto,
a tu llanto de toro en la casa dormida.
Me abandono. Voy de regreso al pueblo
y hallo los contornos con tu nuca muerta,
en los vuelcos del aire la cabeza muerta.
Me he decidido por lo que elegí,
no quiero nada que se parezca al mundo,
no quiero nada de esa miseria misteriosa
hecha y soleada por el hombre.
Mi corazón llega a la vida por la carne muerta,
carne rural, de hierba,
de ordeñador,
carne silenciosa y de musgo.
Me he decidido por lo que elegí,
no deseo poseer,
prefiero el aire de los montes, las calles,
el amor, sus vasos hasta el borde.
Prefiero ir allá donde tu decías, a la bondad,
sin forma alguna,
arrebatado por la droga justa que nos viene lejos
o que está aquí mismo,
cerca de nosotros enalteciéndonos.
Prefiero tu cabeza para guerrear con ella en silencio;
a la salida del día, a la entrada de la noche,
la prefiero.
No hay tristeza en mi corazón, padre,
porque tú querías descender a la tierra,
querías llegar abajo, hasta dios, hasta no ser nada,
poseer lo perfecto.
Hay dolor porque todavía no he aprendido a estar vivo.
No soporta ausencias y recreo los retornos.
Suelo asirme fuerte a la juventud
sin entender la fábula que somos a cualquier edad.
RITA VALDIVIA
Ha debido quedarte en el aire.
A los veinte años tus formas eran las
del fin.
Nuestros calores
de poetas conocidos seis años atrás,
míseros y ebrios,
triunfantes sólo porque nos eras viva
no podían salvar.
Era,
tú lo sabes desde la tierra muerta,
la época del gran miedo
donde todo fue alcohol de infancia.
Y huímos sin saber de ti ni de nosotros,
asombrados,
sin melancolía porque queríamos algo de la vida.
Tú sabía entonces cómo se debía hacer,
reñías el entusiasmo de mi oficio inútil,
el fasto de los otros.
Las pobres ojeras de nuestra bohemia.
Tú sabías entonces cómo se debía hacer,
llorabas muy adentro de las rosas que Camilo
nos compraba en enero;
nos amabas demasiado vivos como para no haberte hallado
con la muerte.
Tú sí que estaba con los miserables, alpaca,
bebiendo agua de lluvia bajo cualquier monte
o en las ciudades, sentada, como solías para encantarnos,
arriba de todo lo que fuera basura.
Fuente: JOSÉ BARROETA. Arte de anochecer. Monte Avila editores. Caracas, 1975.

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