El poeta Juan Sánchez Pelaez
El Poeta Juan Sánchez Pelaez

El Poeta Juan Sánchez Peláez
El poeta Juan Sánchez Peláez, nació en Altagracia de Orituco (estado Guárico), en 1922. Fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura (año 1975). Le confirieron el Doctorado Honoris Causa (2001), por la Universidad los Andes. Entre sus obras encuentran: Elena y los elementos (1951), Animal de Costumbre (1959), Filiación Oscura (1966), Huidizo y Permanente (1969), Rasgos Comunes (1975), Por Cuál Causa o Nostalgia (1981), y Aire sobre el Aire (1989). Antología (2004)*postmortem, publicado por la editorial Lumen. Un destacado poeta al cual se le reconoce una entonación personal y creadora, muy particular, como una constante en el arrullo del ser.
Animal de costumbre (1959)
VI
Elena es alga de la tierra
Ola del mar.
Existe porque posee la nostalgia
De estos elementos,
Pero Ella lo sabe,
Sueña,
Y confía,
De pie sobre la roca y el coral de los abismos.
En realidad, Elena
Conoce las cosas simples,
Porque antes de ser doncella
Fue Sirena y Ondina,
Y antes de ser
Sirena y Ondina,
Nadó en el torbellino, en el número, en el fuego.
Yo debí caer en la calzada, y rememorar,
Oh huésped delirante;
Allí donde apacigua la tarde y el crepúsculo,
A mí me separaron.
Tuve otro amor
Puro como el éxtasis,
Frágil como la fantasía,
Absoluto como mi otro amor.
Oí una trompeta de bruma en el desierto
Mis halcones salieron del follaje.
En todas las estaciones
En el otoño o en la primavera
Elena es alga de la tierra
Ola del mar.
ANIMAL DE COSTUMBRE (1959)
V
Cuando subes a las alturas,
Te grito al oído:
Estamos mezclados al gran mal de la tierra.
Siempre me siento extraño.
Apenas
Sobrevivo
Al pánico de las noches.
Loba dentro de mi, desconocida,
Somos huéspedes en la colina del ensueño,
El sitio amado por pobres;
Ellos
Han descendido con la aparición
Del sol,
Hasta humedecerme con muchas rosas,
Y yo he conquistado el ridículo
Con mi ternura,
Escuchando al corazón.
IX
Menos torpe
Pero
Sin nostalgia,
Sin recuerdos,
Sin un latido,
Sin mi respiración, mi grito
La astilla de mi ausencia,
Debo desollarme
En el quicio de las ventanas,
Equivocarme de espectro, y olvidarlo.
Pasar el agua
Que se esparce como en una fuente
A manos de la muda.
Con toda vanidad y amor,
Balbuceo, descalzo en el pórtico.
Negándome el fin del ser
La nada
La bahía azul
La blancura del precipicio.
XIV
Mi madre me decía:
Hay que rezar por el Ánima Sola
Hay que rezarle a San Marcos León.
Yo me quedaba confuso.
San Marcos de León era un guerrero
Que nos defendía en el cielo,
Con lanzas y escudos.
Y ella, mi madre,
Podía huir
Hacia esa gran isla de las alturas
Misteriosamente protegida.
XXV
Las nimias causas humanas, Esas que en lo íntimo
Sugieren: << Yo era muy despabilado. No era iluso >>,
Me tuercen la oreja.
Debajo de mi almohada,
Encima de lo que debo hacer,
A trote de bestia,
Lívido,
Cuando cae la noche,
Me dejo arrullar por putas y negociantes de mi barrio.
Después, en las mañanas,
Me sobrecoge una gran humildad, una humildad mayor.
Ruego de rodillas. Me doblo en el suelo.
Hablo de mi oficio que me obliga a estar recluido
Días y días;
Que me obliga a olvidarme de mi,
A mirar distantes islas
Y peces fuera del agua.
Es así, refiero. Es así.
¡Y verdaderamente hubiera bastado tan poco!
Prorrumpir en aullidos,
Torcerme yo también la oreja a modo de muchas caricias.
***Tomado el libro: Juan Sánchez Peláez. Antología poética. Monte Ávila Editores Latinoamérica. Biblioteca Básica de Autores Venezolanos. Caracas-Venezuela, 2004.

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